Aquella Perla... / La Visita de la Zapopana - 3 de Mayo de 2019 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 781478825

Aquella Perla... / La Visita de la Zapopana

Autor:Alberto Gómez Barbosa
 
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Esta semana estuvo en el templo que me es cercano, de visita, la imagen peregrina de la Virgen de Zapopan.

Pasé a visitarla, aprovechando la presencia de un día al año de la imagen. Me preparé para caminar un poco ya que seguramente no encontraría estacionamiento cercano y anticipaba las vendimias y puestos que, en mis recuerdos, siempre acompañaban a la imagen en sus visitas a los templos de Guadalajara.

Para mi sorpresa, pude dejar el auto frente al cancel principal del atrio, no había otro y no había, tampoco, puestos ni vendimias instalados; es más, no había "ni un alma" para usar el dicho alteño.

El padre capellán nos había invitado, desde semanas atrás, a participar en la visita de la Zapopana, informando fecha e itinerario de la llegada, horarios de misas; el día de la visita pude constatar que había adornado el atrio y sus rejas con hilos de papel picado en los colores marianos.

Ingresé al templo y tuve una sensación extraña: me encontraba solo, no había otra persona, el templo vacío y al fondo la "venerada" imagen que nos legó Fray Antonio de Segovia.

No podía creerlo. Mi mente regresó a los años 40 del pasado siglo, cuando todas las noches del verano acompañaba a mi padre a visitar el templo donde estuviera la Virgen.

Los alrededores de las iglesias eran una feria. En la mayoría de ellas se instalaban en calles aledañas ferias de juegos mecánicos, abundaban los puestos que ofrecían "quequis" -como llamábamos los tapatíos a los hot cakes- elotes cocidos, turrón, algodones de azúcar color de rosa, guasanas y desde luego, fritangas de todo tipo. Una fiesta.

Ingresar al templo era, en ocasiones, difícil por la cantidad de fieles que acudían a todas horas a visitar a la Virgen y tengo muy grabados los cánticos que continuamente se escuchaban.

Viejecitas devotas los entonaban con voces atipladas, pero fuertes, repetían incansables alabanzas que, de tanto...

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