Jorge Volpi / Nuestra civilización - 13 de Abril de 2019 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 777609013

Jorge Volpi / Nuestra civilización

Autor:Jorge Volpi
 
ÍNDICE
EXTRACTO GRATUITO

Nuestra civilización podría haber sido otra muy distinta -al menos desde principios del siglo XIX las posibilidades flotaban en el aire-, pero al final decidimos darle prioridad, a principios del siglo XXI, a tres lugares específicos para definirla. Si hoy ocurriera un colapso y de un día para otro se extinguiera nuestra especie, los arqueólogos extraterrestres del futuro descubrirían un sinfín de restos a los que querrían darles sentido para explicar nuestros comportamientos cotidianos. Una civilización se define por los lugares que privilegia, por los espacios que habitan a diario sus habitantes. En nuestro caso, ésos serían el automóvil, los centros comerciales o shopping malls y esos curiosos aparatos multifunción a los que seguimos llamando teléfonos inteligentes.

La primera explosión fue la del automóvil: ese vehículo familiar -o, mejor, individual- que apenas ha evolucionado desde que empezó a ser producido en masa a principios del siglo XX, con un motor a partir de combustibles fósiles -por más que poco a poco se instauren los eléctricos- y que se ha vuelto omnipresente en nuestras ciudades, al grado de definir su desarrollo y su paisaje. Desplazando drásticamente al transporte público en casi todo el planeta -resisten unas cuantas naciones europeas, y aún así-, transformados en taxis o mejor en ubers, los coches no son ya símbolo de estatus, como se quiso después de la Segunda Guerra Mundial, sino artefactos imprescindibles y democráticos que, paradójicamente, nos igualan tanto como nos inmovilizan.

Si algo asimila a Bogotá con Pekín o a París con la CDMX, a Los Ángeles con Moscú y a Nueva Delhi con El Cairo, son esas interminables filas de automóviles que, a menos de treinta kilómetros por hora, avanzan penosamente en las horas pico en un sinfín de embotellamientos, atascos o trancones: el coche como la forma más lenta e ineficaz de ir de la casa a la oficina o viceversa, de ser casi estático cuando uno imaginaba adquirir un coche por la velocidad que podría alcanzar. ¿Cuántas horas pasamos encerrados en esas piezas de hojalata? Vidas enteras -ya lo imaginaba Cortázar- en las que se nos va la vida.

Al mismo tiempo, las estructuras urbanísticas que mejor nos definen no son ya los rascacielos, sino los centros comerciales...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA