Juan Villoro / El Repetidor - 8 de Julio de 2011 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 288003882

Juan Villoro / El Repetidor

Autor:Juan Villoro
 
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Durante años, las películas en español se doblaron en México. Esto se debía a las facilidades de operación de las compañías norteamericanas, pero también a nuestro talento para reaccionar ante las iniciativas de los otros. Ciertos actores nacionales, incapaces de convencer en una obra de Shakespeare, se agrandan cuando imitan a un personaje de dibujos animados.

El sello mexicano se impuso con tal fuerza que al viajar a otros países de habla hispana dábamos la sensación de estar doblados. El obispo de Monterrey, el novelista de garra y el entrenador de la selección hablaban como caricaturas.

A diferencia de los japoneses, nunca nos ha interesado hacer copias tan perfectas que no lo parezcan. Lo nuestro es la subordinación sincera: no somos originales, pero aspiramos a que el doblaje supere a su modelo ("Telly Savalas dijo que le gustaba más su voz en español").

La diversificación del mercado acabó con el dominio de las voces mexicanas en las pantallas. Una lástima, sin duda.

¿Dónde se origina nuestra vernácula destreza para decir lo mismo con otro acento? Hablaré de un personaje que tal vez no haya sido tratado por los numerosos libros que a últimas fechas se ocupan de la identidad nacional.

Me refiero al hombre de mirada perdida, acodado en el mostrador de una tienda. Su actitud es de absoluto desinterés, no digamos por el prójimo, sino por su propio rostro (donde ya se paró una mosca). A su lado, otra persona mueve cajas, entrega el cambio, busca un producto, revisa un catálogo o responde el teléfono.

Al llegar a la tienda, enfrentas a dos tipos de empleados: uno que no se da abasto y otro que parece aguardarte con hierática disponibilidad. Naturalmente te diriges al segundo.

Entonces sobreviene uno de los más inútiles intercambios de Occidente. Preguntas si tienen clavos de media pulgada. La respuesta es idéntica a tu curiosidad: -¿Clavos de media pulgada?

Has conocido al Repetidor, experto en la forma más elemental del doblaje, que consiste en despojar de toda energía al mensaje previo.

Si te interesa conseguir un cuarto de blanco de España, el Repetidor dirá: -¿Un cuarto de blanco de España?

La frase es la misma que la tuya, pero ha sido privada de contenido emocional.

En labios del Repetidor, lo que solicitas no sólo deja de ser urgente sino que en cierta forma carece de sentido. ¿Es posible que te intereses en algo que puede pronunciarse con tal desprecio?

La tarea del Repetidor consiste en anular la importancia de lo que buscas...

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