Paloma Ramírez / Aristocracia tapatía - 6 de Abril de 2019 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 775389333

Paloma Ramírez / Aristocracia tapatía

Autor:Paloma Ramírez
 
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Imagine una mañana de primavera con montones de árboles en flor. El sol va en ascenso, por lo que el aire que se respira es todavía fresco. La joven de rasgos indígenas y pantalón de mezclilla tiene una escoba entre las manos. Está afuera de una casa y se afana en barrer la banqueta. De pronto, su mirada sigue un objeto que rueda cuesta abajo por los adoquines. Es blanco, redondo, del tamaño de una cebolla. La pelota pasa cerca de ella y, luego, se aleja. Casi ha olvidado el incidente cuando escucha una voz que exige: "¡¿Para dónde se fue la pelota?!".

Alza la vista para encontrarse con la figura de un viejo que se apoya en un bastón. Lo sigue un can peludo al que le cuelga la lengua. Cuando logra recuperarse de su desconcierto le dice que no vio. "¿Cómo que no viste? ¡Estarás ciega!", responde. "No, señor, estoy trabajando y no sé dónde fue a dar". El viejo rezonga, no está dispuesto a proseguir su camino: "¡¡Qué me digas de una buena vez!!". Quizá piense que ella la agarró, que se la embolsó. La mujer decide ignorarlo, continúa juntando las hojas que han caído del árbol. Él la mira y resopla, por fin se pone en marcha, no sin antes vociferar: "¡Hija de tu puta madre!".

La escoba se detiene. A la joven le arde la cara como si el bruto aquel la hubiera abofeteado. Un "piiinche viejo", le sale de manera espontánea y desde el nacimiento del estómago. El hombre regresa sobre sus pasos, le habrá dolido lo de "pinche", lo de "viejo" o la combinación que, aunque trillada, al parecer no ha perdido efectividad. Se aproxima con el bastón en alto como si pretendiera golpearla. "¡¿Qué dijiste?!", exige, "¡¡cómo te atreves. Discúlpate!!". Ella lo mira atónita. ¿Y si grita o se mete corriendo a la casa? Opta por agarrar bien la escoba y decirle que fue él quien la ofendió. El viejo recula, habrá reconocido en la cara de la mujer la decisión de responder a los golpes. Finalmente desaparece junto con el perro... y como antes lo hiciera la pelota.

La escena aquí narrada fue real, sucedió hace unos días afuera de mi casa. Lo cierto es que no se trata de un hecho inusual, ni de un día desafortunado en la vida de un trabajador. Escenas de este tipo, en las...

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