Meridiano/ Pobre peso (II) - 27 de Abril de 2000 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 79207163

Meridiano/ Pobre peso (II)

Autor:David Peñalfaro
 
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(Segunda parte)

La vez anterior comentábamos de las peripecias, por no decir de la caída libre que tuvo nuestra moneda, con relación al dólar, en las primeras décadas del siglo anterior. Decíamos que el peso pasó de mitad de la década de los treinta a mitad de los cincuenta de 2 pesos por dólar a 12.50: una devaluación de 525 por ciento.

Si ese número de 525 por ciento le provocó un malestar general y un estremecimiento cardiaco, le sugiero que detenga la lectura y se concentre mejor en la gustada sección de Señor Futbol que acompaña a este ejemplar de MURAL, ya que lo que platicaremos el día de hoy produce vertiginis denarius o un malestar financiero, siendo uno de sus principales síntomas el sudor de manos, la furia y coraje contra las autoridades y, en algunos casos, ganas de llorar. Una vez hechas las aclaraciones pertinentes, entremos en materia. De 1976 a la fecha, la devaluación del peso con relación a la moneda de nuestro vecino y principal socio comercial ha sido de más de 70 mil por ciento. Si le parece que exagero o trato de llamar la atención exagerando (ni que fuera Camacho), saque su calculadora y haga las cuentas correspondientes. Conste que la revaluación de nuestra moneda en los últimos meses suaviza esta cifra.

A partir de que Adolfo Ruiz Cortínez y su Banco Central movieron el peso a 12.50 por dólar, pareció llegar la calma, ¡al fin!, al mercado cambiario nacional, la economía comenzó una etapa de crecimiento (desarrollo estabilizador), mientras que la inflación se mantuvo controlada en términos bajos. En los sexenios de Adolfo López Mateos y de Gustavo Díaz Ordaz, es más, en los primeros años de Luis Echeverría, simplemente no se hablaba de la paridad de nuestra moneda, como que pensábamos que esa cifra de 12.50 (no falta mucho para que la alcancemos otra vez) iba a perdurar por los siglos de los siglos, amén.

Pero ¡ay!, la sorpresa se presentó en agosto de 1976, exactamente el 31 de agosto. Esa Noche Triste se anunció que, después de 26 años de mantenerse el peso a 12.50 por dólar, iba a pasar a una "flotación controlada". Las causas de la devaluación no fueron oscuras ni fantásticas: la deuda externa había pasado en el sexenio de Echeverría de 3 mil a 20 mil millones de dólares, el dispendio en el sexenio en aras del populismo había sido duramente criticado; el papel del Estado había estado creciendo a pasos agigantados y la mayoría de los empresarios estaban sumamente descontentos con el régimen.

De esta manera, no...

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