SOBREAVISO / Origen... y destino - 12 de Febrero de 2011 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 257080394

SOBREAVISO / Origen... y destino

Autor:René Delgado
 
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Todo está en el origen y, como no se rectificó cuando se pudo, ahora el más minúsculo error degenera en crisis y la más mínima provocación obliga al gobierno a justificar su actuación. Ésa es la realidad del gobierno que, conforme se acerque a su término, afrontará dificultades mayores.

Aun hoy irrita recordar la falta de legitimidad con que arrancó su administración el Presidente Felipe Calderón pero, más allá de la molestia, ahí está la clave de la avalancha de problemas. Ahí está la clave de por qué una pregunta se entiende como un ultraje, por qué el montaje de una captura desemboca en una crisis diplomática, por qué la falta de estrategia alarma del otro lado del Bravo, por qué el país está de cabeza viendo cómo se inflama de nuevo la polarización ciudadana.

Puede causar asombro cuanto acontece pero, en el fondo, no hay sorpresa: es el resultado lógico de una operación de gobierno mal hecha desde su origen. Es el laberinto donde se encuentra una administración incapaz, a lo largo de más de cuatro años, de constituirse en gobierno.

Si alguien debió pedir el recuento voto por voto era Felipe Calderón, no Andrés Manuel López Obrador. Si el entonces candidato electo se hubiera empeñado en legitimar su triunfo sobre la base del recuento, sin duda no tendría por qué haberse echado en brazos de la cúpula sindical del magisterio y del principal monopolio televisivo, ni aventurarse en una guerra cuando ni siquiera sabía si tenía efectivos y parque para ella.

Si, en el origen, se hubiera hecho la rectificación necesaria, el mandatario no habría llegado atenazado por mil y un intereses a Los Pinos y, de seguro, hubiera tenido un mayor margen de maniobra para integrar un gabinete, quizá, menos leal pero mucho más eficaz y experimentado, menos sujeto a las cuotas reclamadas por los intereses extrapartido, por las corrientes de su partido y por los compromisos que el propio Calderón fue adquiriendo sin desearlo.

Se integró un gabinete como quien arma un desfile, donde curiosamente cada salida se justificaba y justifica a partir de un absurdo: se iban los buenos porque llegaban los mejores pero, aun hoy, es difícil retener el nombre de algunos secretarios que, aun cuando preservan el puesto, parece que no existen.

Cuatro secretarios de Gobernación, tres secretarios de Economía, tres de Comunicaciones, dos de Turismo, dos de Hacienda, dos de Energía, tres de Desarrollo Social, dos de la Función Pública, dos de Agricultura, dos procuradores, dos...

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