Viven de la Muerte - 2 de Noviembre de 2011 - Mural - Guadalajara - Noticias - VLEX 329884823

Viven de la Muerte

Autor:Marylú Vallejo, Karina Suárez y Jorge Velazco
 
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Devuelve la belleza

Marylú Vallejo

Con sus manos, maquillaje, sombras, rubor, peine y algunas veces cera, entre otras cosas, Enrique Nava Preciado devuelve la belleza al difunto para que los familiares lo recuerden como si estuviera dormido.

"La mayor satisfacción es cuando le muestras a la gente a su familiar y te agradece cómo quedó, que te dicen que quedó mejor que como cuando estaba en vida. Es bonito que te lo agradezcan y se van satisfechos", recuerda.

Nava Preciado tiene 18 años trabajando como embalsamador y maquillista de cadáveres en la funeraria El Renacimiento, empresa que se encarga de arreglar cuerpos de muchas otras capillas.

Inició como carrocero, aunque poco a poco se fue involucrando en el oficio hasta que decidió dedicarse 100 por ciento a él.

Su turno es de 24 horas, en las cuales puede llegar a recibir entre 15 y 20 cadáveres. Asesinados, enfermos terminales, víctimas de algún accidente, no importa cómo murieron, él tiene que hacerlos ver como si estuvieran dormidos. El precio varía entre los 3 mil y 3 mil 500 pesos.

Admite que para dedicarse a esto, además de prepararse es necesario perder el miedo y el asco.

Los movimientos de piernas o brazos en los cadáveres ya no son algo raro para él.

Una historia que lo dejó marcado fue cuando recibió a una mujer que falleció por negligencia médica en un hospital, y al momento de prepararla y abrirla vio que dentro estaba el cuerpo de un bebé.

Ayuda a 'barrer' el olvido

Karina Suárez

"Cada vez hay más tumbas en el olvido", asegura el regador Fermín Nieves Donato, quien desde los 10 años acompañaba a sus padre a limpiar los sepulcros del Panteón de Mezquitán.

Desde entonces, los botes "chileros" cargados con agua, una escoba y una carretilla han sido sus herramientas para desempeñar esta labor que sólo se ve recompensada por las propinas de los familiares.

Cada servicio requiere de 15 a 20 minutos, y en un día con bastante demanda ha llegado a atender hasta 100 tumbas diferentes, en los mejores días, que cada vez se presentan menos.

No sólo son sus ojos los que perciben el abandono, también su bolsillo, que depende de las propinas.

"El panteón va decayendo bien mucho (sic), sobre los trabajos. Antes qué esperanzas, salías de un trabajo y entrabas a otro, trabajabas y más en estas fechas", rememora.

De esas buenas épocas, relata, hace más de un lustro, tiempo que aprovechó para hacerse de una casa para su familia.

Ahora, sus ganancias se ciñen de acuerdo a los caprichos de la...

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